Efectos psicológicos del confinamiento

El pasado 14 de marzo, el Gobierno decretó el estado de alarma para hacer frente a la crisis sanitaria del Covid-19. El confinamiento nos ha llevado a vivir una situación excepcional que no habíamos experimentado hasta el momento y pueden observarse alteraciones psicológicas entre parte de la población.

De repente, y casi sin previo aviso, nuestra vida se ha paralizado y nos ha tocado adaptarnos a esta nueva situación, restringiendo nuestras salidas al exterior para evitar la propagación de este nuevo virus.

La cuarentena es un aislamiento obligatorio que implica romper con nuestro día a día, con nuestras rutinas, nuestro ocio, nuestro contacto con la familia, nuestro trabajo, nuestra pérdida de libertad y pueden aparecer sentimientos como la soledad, el estrés, el aburrimiento o la impaciencia.

En estos 65 días hemos podido experimentar estrés, ansiedad, miedo, angustia, y apatía. Nos hemos visto subidos en una montaña rusa dónde nuestros sentimientos han fluctuado entre un sube y baja constante. En ocasiones hemos tenido pensamientos positivos y esperanzadores de la situación y, otros en cambio, han sido momentos de tristeza, de miedo e incluso de enfado

La constante incertidumbre es una de las causas por las que se genera estrés e inseguridad. Todos necesitamos saber qué va a pasar a continuación, para así poder anticiparnos a lo que va a ocurrir. Los seres humanos intentamos controlar constantemente todo aquello que nos rodea. No obstante, existen situaciones, como la que estamos viviendo actualmente, en que el control escapa de nuestro alcance y, por tanto, esto aumenta los niveles de ansiedad y genera estados de frustración por no poder anticipar qué pasará en un futuro próximo.

Una de las cosas que ha ido ocurriendo y que sigue sucediendo hasta la fecha, es el hecho de ponernos una fecha objetivo para determinar el transcurso de las fases en el confinamiento. Vemos la siguiente etapa con ilusión y como una oportunidad para salir, relacionarnos y recuperar poco a poco nuestra libertad. El hecho de imaginarnos una fecha nos lleva a generarnos una falsa expectativa, que nos generará malestar sino se acaba cumpliendo.

Es por ello que mi consejo como profesional, es vivir día a día olvidando fechas y centrándonos en lo verdaderamente importante que es por un lado, cuidar nuestra salud física para así cuidar indirectamente la de los demás siguiendo las recomendaciones que nos dan los expertos, y, por otro lado, cuidar nuestra salud mental, aquella que nos brinda la oportunidad de disfrutar de nuestros amigos, de nuestros familiares y de nosotros mismos.

Tal y cómo hemos mencionado, estamos ante un momento de estrés y ansiedad totalmente lógico y justificado ante la magnitud de la situación que estamos viviendo. Pero la duda surge en diferenciar y poner atención en los estados de ansiedad que exceden de la norma y nos impiden hacer cosas de nuestra vida cotidiana con normalidad tal y cómo las hacíamos antes. Además transcurren por nuestra mente pensamientos negativos, catastrofistas e incluso, ideas suicidas. Por tanto, si el estado de ansiedad excede a nuestra capacidad para hacerle frente con nuestros propios recursos, es conveniente recurrir a un experto que nos proporcione estrategias que nos ayuden a reemprender poco a poco nuestra vida.

REPERCUSIONES DEL CONFINAMIENTO

Una consecuencia importante que genera la cuarentena es el aislamiento social al que nos hemos visto sometidos y al que no estamos acostumbrados. Somos seres sociales por naturaleza y necesitamos el contacto humano. Por ello, el hecho de encontrarnos lejos de nuestros seres queridos junto con la falta de libertad puede llevarnos a sufrir angustia y tristeza.

Las personas mayores que viven solas son especialmente vulnerables. El único contacto social que tienen es través de ir a comprar el pan, dar un paseo o hablar con algún vecino. Muchos de ellos esperaban impacientes e ilusionados la llegada del fin de semana para poder ver a sus hijos, nietos y sobrinos. Ahora esto ya no sucede con la misma frecuencia. El uso de la tecnología es una ayuda muy eficaz para combatir el aislamiento ya que nos permite comunicarnos con nuestros familiares y amigos a través de videollamadas, compartir películas, ver conciertos, leer, etc. Lo que ocurre es que la tecnología no siempre está presente en el hogar de las personas mayores, y por tanto, su aislamiento social produce efectos más negativos. Ocupan gran parte de su tiempo delante del televisor dónde pasan muchas horas del día recibiendo información del monotema de actualidad, “el Covid-19”, a través de canales que están cargados de contenido mediático.

Por otro lado, nos encontramos con el otro extremo de la sociedad, los que se ven asfixiados ante la gestión de los problemas habituales de convivencia. Muchas familias se ven obligadas a pasar mucho tiempo juntas y es dónde aparecen las discusiones y las peleas. Existen estudios que preveen las repercusiones que tendrá el confinamiento de aquí a unos meses. Las estadísticas señalan que a finales de año existirá un mayor número de divorcios respecto al año anterior. Todo y que los indicadores nos muestran una necesidad real de cuidar de manera saludable nuestras relaciones interpersonales, tendremos que esperar a finales de año para ver las cifras reales del impacto social.  

Otra de las principales preocupaciones de la población son las repercusiones económicas con la pérdida de empleo y la incapacidad de hacer frente a los gastos mensuales. Existen estudios que señalan que la pérdida substancial de la economía en los hogares crea una grave angustia socioeconómica y se ha descubierto que es un factor de riesgo para desarrollar síntomas de trastornos mentales y de ansiedad, incluso varios meses después de la cuarentena

RECOMENDACIONES

Tal y cómo hemos ido oyendo estos días, es importante mantener unas rutinas diarias, comer a las mismas horas, buscar actividades que nos gusten y que nos permitan disponer de momentos de ocio (pintar, bailar, leer, hacer un puzle o ver una serie por ejemplo), hacer deporte, exponernos siempre que podamos al sol, mantener un contacto frecuente diario con familiares y amigos de manera telemática, y sobre todo no estar pendiente a todas horas de información acerca del virus.

Una parte de la sociedad ha sufrido la pérdida de un familiar. Cuando fallece alguien, de por sí es un proceso difícil, pero si se añaden factores como el aislamiento, la falta de contacto social y la imposibilidad de despedir a los seres queridos, el proceso resulta aún más complicado. Los rituales sociales que se realizan son para las personas vivas y sirven para poder despedirnos de la persona que ya no va a estar más entre nosotros. La cuarentena ha provocado que no podamos despedirnos de una manera presencial. Esto puede desencadenar duelos patológicos no resueltos, provocando un malestar significativamente superior y no acabar de interiorizar ni aceptar que la persona ya no esté más entre nosotros. Es por ello que se recomienda realizar una despedida a distancia o de manera simbólica para iniciar el proceso de duelo.

Con el esfuerzo de cada uno de nosotros, conseguiremos salir hacia adelante a pesar de las dificultades que se nos presentan

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